Estudiantes de Medicina: ni muertos ni olvidados
Cuatro descargas de fusilería consumaron el horror. Era la tarde del 27 de noviembre de 1871 y ocho estudiantes de Medicina morían. Fue un crimen, nadie puede dudarlo; un crimen sustentado en la rabia de los soldados españoles (Cuerpo de Voluntarios) contra aquellos jóvenes de primer año, cuyo único delito fue el de estar en el Cementerio de Espada y corretear con el vehículo usado para conducir los cadáveres a la sala de disección. El más joven, de apenas 16 años, había arrancado una flor.