
Pasear por Cienfuegos es como estar en la sala de tu propia casa, cuando se es un cienfueguero rellollo, después de verla florecer todos los días a raíz de los acontecimientos centenarios que nos la hizo más nuestra, el pasado 22 de abril, cuando cientos de coterráneos de aquí y de allá, se fundieron en un abrazo frente a una imponente alfombra floral o bajo una inmensa jagua, un árbol que da frutos, pero muy lejano a nuestro paladar de cubanos.

Marca el calendario, hoy, otro 25 de noviembre. Son tres años ya desde la partida física de un hombre singular; y su singularidad está, precisamente, en trascender todos los espacios de la memoria y los afectos porque Fidel, así de sencillo, es inmortal.
Se me antoja niño, soñando posibles profesiones, queriendo ser como el Che, amando entrañablemente a esta Cuba nuestra tan imperfecta como hermosa.