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Ana Aguado .La Calandria cienfueguera.

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Una de las más sobresalientes figuras de nuestro pasado musical, es sin duda la notable soprano, y pianista Ana Aguado quien nació en esta ciudad el 3 de mayo de 1866, en la calle Velasco número 46, entre Santa Clara y San Carlos, Ana comenzó sus estudios de primaria y de música a los siete años de edad en la escuela, de Rafaela González Mendosa, aquí en Cienfuegos. En 1878 se traslada en unión de su familia a la Coruña (España), donde continuó la enseñanza secundaria y estudió canto con el párroco y excelente cantante español, Antonio Diez, y piano con el maestro Casas.

En el exclusivo Liceo Brigantino, de la Coruña su bella y la poderosa voz de soprano dramática de Ana, logró sus primeros triunfos artísticos

Para 1885 la familia regresa a Cuba, residiendo de nuevo en Cienfuegos. Aquí se presentó Ana en las sociedades populares El Artesano, Liceo Artístico y Literario, y en otros escenarios de la ciudad. Gracias a sus recitales fue adquiriendo un considerable prestigio por sus fieles interpretaciones de la obra teatral lírica de los compositores españoles como Francisco Barbieri y Sebastián Güell y del santiaguero Laureano Fuentes Matons, cuya opera Seila cantaría a principios de 1889 con algún éxito de público y de la critica.

La joven cantante actuó junto a músicos cubanos prestigiosos que habían radicado en Cienfuegos después de concluida la Guerra de los Diez Años, entre ellos se encontraba los compositores y pianistas Lico Jiménez y Tomás Tomás De Clouet, hijo de nuestro fundador Don Luis de Clouet. Otro hecho importante para la artista fue haber conocido en una de esas veladas, en 1885 al joven flautista Guillermo M. Tomás, quien será más tarde su esposo y el hombre que más influiría en su vida profesional y personal.

A finales de 1889, al igual que muchas familias cienfuegueras inconformes con la política del régimen español, Ana Aguado y sus parientes más cercanos se vieron precisados a marchar a los Estados Unidos. Ya en Nueva York, se reúne con Guillermo M. Tomás que la esperaba exiliado por la misma causa revolucionaria, a los pocos meses (1890) contrajeron matrimonio.

Estos jóvenes se integraron al movimiento de artistas revolucionarios que existía entre los emigrados cubanos.

Ana no solo se destacaría como cantante, sino también como eficaz organizadora de veladas patrióticas musicales, celebradas voluntariamente en los distintos clubes revolucionarios cubanos establecidos en la ciudad de Nueva York.

El 7 de junio de 1890 fue invitada por José Martí a participar en una función patriótica a beneficio de la guerra libertadora y en la invitación el apóstol se refiere a ella escribiéndole:

“…Para disponerse a morir es necesario oír antes la voz de una mujer.”

En esa función Ana logró uno de sus primeros éxitos en tierra norteamericana con un programa integrado por obras vocales de compositores cubanos.

Ya por el año 1893 Ana era conocida por el sobrenombre de La Calandria Cienfueguera y había ganado un sólido prestigio por sus recitales en el Club Político Cubano Los Independientes

Terminada la guerra del 95, el 30 de septiembre de 1898 la soprano Ana Aguado, su esposo Tomás y su pequeño hijo Eduardo regresaron a Cuba, luego de los nueve años de exilio, no pueden ocultar la alegría del regreso a la patria. Radicados en la ciudad de La Habana, Ana Aguado fue nombrada profesora de canto en el Conservatorio Nacional de Música de Hubert de Blanck. Intentó también fundar un instituto vocal, de poca duración, y dio clases particulares de canto con los métodos más modernos de su época.

Después de una prolongada enfermedad que la mantuvo alejada del quehacer musical, Ana Aguado falleció en La Habana el 6 de mayo de 1921.

Hoy en nuestra ciudad se encuentra en la intersección de la calle 37 y Ave 18 un parque donde la figura central es esta destacada artista cuyo rostro se alza en un medallón ubicado en una columna de hormigón de 6 metros de altura. Las plantas que embellecen el lugar, florecen en mayo, mes este en que se cumple aniversario de nacimiento y muerte de la Calandria. Esta es la forma en que los cienfuegueros le rendimos su merecido homenaje.

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