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    Hacia el freno economico en un mundo fragmentado tiempos de tormenta

    En diferentes regiones del planeta se observan ya los potentes impactos del colapso energético mundial ocasionado por el choque bélico en Asia Occidental.

    La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y el bloqueo del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz han provocado una reducción del 30 por ciento del suministro global de petróleo y derivados (13-15 millones de barriles diarios —MBD), y del 20 por ciento del comercio internacional de gas natural (280-300 millones de metros cúbicos por día —mcm/d).

    Las cifras son espectaculares, si se considera que el petróleo y el gas determinan el 80 por ciento del consumo final de energía a escala planetaria. A la caída en la disponibilidad de estos hidrocarburos, que ya es evidente debido al consumo irracional y sin freno de los últimos 200 años, se añade ahora esta repentina y colosal escasez provocada por la guerra. Dicha escasez ya está sacudiendo la oferta y los precios de la aviación comercial, los fertilizantes, los alimentos y muchas otras actividades, ya que el petróleo, sus derivados y el gas natural son la base de todas las cadenas de suministro y de la forma en que hemos organizado la vida en el planeta.

    Entre el bloqueo de barcos y la destrucción física de infraestructura energética, se estima que, a la fecha, una cifra que sobrepasa los mil millones de barriles de estos productos se ha perdido. Esto significa que todas aquellas actividades económicas que no han recibido o no recibirán el insumo energético requerido se verán forzadas a suspender sus operaciones y provocarán, a su vez, un efecto en cadena sobre otros sectores vinculados. Si la paz se firma pronto y los estrechos se desbloquean, el mundo padecerá una profunda crisis económica que lo llevará a una recesión y, tal vez, incluso a una depresión. Pero si la violencia continúa y se extiende, entonces será muy alta la probabilidad de que tenga lugar algo mucho más poderoso y destructivo.

    Frente a este escenario virtualmente catastrófico, la pregunta que muchos nos hacemos es: ¿Con qué propósito la élite político-financiera de Occidente desataría una tormenta de tales dimensiones que, en principio, podría afectar profundamente a todos los agentes económicos y a la inmensa mayoría de la humanidad? Trataremos de desentrañar algunos indicios de la lógica de poder oculta tras este aparente caos.

    Atacar Irán es un objetivo estratégico de Estados Unidos e Israel, que ha estado presente en la agenda imperial desde hace al menos 30 años. Ya en julio de 1996, poco después de asumir como primer ministro por primera vez, Benjamín Netanyahu dio un discurso ante una sesión conjunta del Congreso de Estados Unidos, en el que, refiriéndose a Irán, dijo: «Si este régimen, o su despótico vecino Irak, adquirieran armas nucleares, esto podría presagiar consecuencias catastróficas, no solo para mi país, ni solo para Oriente Medio, sino para toda la humanidad». Algún tiempo después, en marzo de 2007, durante una entrevista en el programa Democracy Now, el general Wesley Clark (excomandante supremo de la OTAN en Europa) reveló públicamente la existencia de un memorándum del Pentágono —del año 2003— que describía un plan para “tomar” siete países en 5 años: Irak, Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán, terminando con Irán. Como hemos visto desde entonces, todo indica que el plan se ha llevado a cabo al pie de la letra.

    Contradicciones de fondo

    Es necesario regresar un poco en el tiempo para tratar de comprender lo que está pasando en Irán, así como en el mal llamado Oriente Medio y más allá.

    La mundialización-globalización que se desató con fuerza a partir de la década de 1970 no fue otra cosa que la expansión geográfica y fragmentada de los procesos productivos. Dada su vocación expansiva intrínseca, el capital se lanzó a la conquista del planeta entero para obtener mayores ganancias y acumular más y más capital. Al hacerlo, edificó muy complejas, ineficientes e irracionales cadenas globales de valor (suministro), que se convirtieron en el dios de las élites dominantes y en el flagelo de los pueblos del mundo. A unos pocos los enriquecieron como nunca y a la inmensa mayoría la empobrecieron y le arrebataron su cultura, sus recursos naturales y sus paisajes. El capital se expandió a todos los rincones del mundo para extraer energía, materias primas y plusvalor y así poder seguir creciendo sin freno y sin control, hasta que la finitud del planeta lo ha obligado a retroceder ante la evidente declinación en la disponibilidad de recursos.

    Mediante la tecnología de punta, transformada en inteligencia artificial (IA) —su nueva diosa—, el capital pretende producir bienes y servicios de manera abundante y a menor costo, aunque, al hacerlo, reduce sin remedio la masa de posibles consumidores (compradores) de esos mismos bienes y servicios al desplazarlos masivamente de sus puestos de trabajo. No solo eso. A cada paso que da, el spertecnologizado capital demanda más y más energía y materiales críticos que ya no están disponibles en el mundo en la escala necesaria. Es entonces que el proceso de acumulación de capital comienza a ser frenado, porque el volumen decreciente de fuerza de trabajo y la finitud del planeta así se lo imponen. Frente a estos límites infranqueables, el capital da paso a la autofagia. En su último intento por sobrevivir, el capital se lanza contra el propio capital, contra los trabajadores y contra el planeta mismo para devorar todo lo que encuentra a su paso.

    Cuanto más avanza el desarrollo tecnológico, con su inteligencia artificial a la cabeza, más humanos son desplazados de sus trabajos y profesiones por máquinas y algoritmos que los lanzan a la calle, sin salarios ni protección. Bill Gates ha sostenido públicamente que, en pocos años, “no se necesitarán los humanos para la mayoría de las actividades”; es decir, que en el extremo de esta tendencia, no habría ya trabajadores para explotar y, en consecuencia, tampoco existirían compradores-consumidores para los tsunamis de bienes y servicios así producidos.

    Naturalmente, la élite se resiste a perder el control del mundo y, en particular, a aceptar una disminución en los flujos de capital-dinero, no obstante que una parte sustancial de los mismos no solo se origina ya en Asia, sino que, además, tiende a quedarse en esa parte del mundo en volúmenes cada vez mayores.

    El imperio fundado en la energía abundante y barata, con el dólar como la fuente por excelencia de su hegemonía, enfrenta un futuro por demás incierto al mantener atado al petróleo barato su poderío militar. Se ve obligado a echar mano de su último recurso, el choque frontal, justo cuando se pone de manifiesto la disminución acelerada en la disponibilidad de energía y materiales críticos.

    Son estas contradicciones de fondo las que están provocando que el prolongado dominio de Occidente, y sus fortalezas de la City de Londres y de Wall Street, comiencen a colapsar.

    ¿Por qué Irán y por qué ahora?

    Sin ser ni sombra de lo que fue, en pleno 2026 Estados Unidos pretende seguir imponiendo reglas de comportamiento al mundo entero, sin reparar en el hecho de que, de su imponente hegemonía, solo quedan andrajos y malos recuerdos. La globalización está rota y el mundo se encuentra fragmentado: el antiguo “orden global” ha desaparecido por completo, pero aún no madura el nuevo orden multipolar cooperativo que pretende sustituirlo. Los países que ya están al margen o se alejan aceleradamente del unilateralismo estadounidense concentran más del 90 por ciento del territorio planetario, 88 por ciento de la población mundial y cerca del 40 por ciento del PIB global. China, por sí sola, es vanguardia indiscutible en tecnología, producción manufacturera, inversión en infraestructura e intercambios comerciales. La Iniciativa de la Franja y la Ruta, desplegada en los últimos años por China en más de 140 países, así como la reciente expansión de los BRICS a 22 naciones (entre miembros y asociados), son tal vez los acontecimientos que más atemorizan a Occidente.

    Sin embargo, el decadente imperio se resiste a morir e intenta prevalecer por medio de la fuerza (trampa de Tucídides). Desde hace ya algunos años, su principal objetivo es China, su némesis y oponente por antonomasia. Si se observa con detenimiento, el desencadenamiento de la guerra en Ucrania tuvo como propósito central el torpedear la creciente integración económica y energética de Europa con China y Rusia (eje del heartland). Ese fue apenas el comienzo de la ofensiva.

    El ataque contra Irán por parte de la alianza Estados Unidos-Israel se explica, en primer lugar, por el hecho de que el país persa mantiene amplios convenios de cooperación con Rusia (que incluyen el ámbito militar), y porque, además, es un socio destacadísimo del grupo BRICS. Desde el punto de vista de la geoeconomía y la geopolítica, la posición geográfica de Irán resulta estratégica por ser el lugar en el que se entrecruzan los principales ejes de comunicación, comercio e inversión de la llamada “nueva ruta de la seda”.

    Ucrania y Asia Occidental son las regiones más calientes de la confrontación global entre Occidente y el Sur Global, liderado por China, pero no son las únicas. Como es sabido, el talón de Aquiles de la potencia de Oriente es que se ve compelida a comprar a otros países 11.5 de los 16.5 millones de barriles de petróleo que consume diariamente. El secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en los primeros días de enero de este año, representó un moderno acto de la piratería caribeña para obtener el control de las principales reservas mundiales de petróleo, cancelar las exportaciones de hidrocarburos a China (y a Cuba) y obligar al nuevo Gobierno venezolano —sometido por la fuerza— a comercializar su codiciada materia prima exclusivamente en dólares.

    Pocas semanas después del atraco en Venezuela (entre enero y febrero), en un nuevo acto en piratería para el bloqueo de los principales estrechos marítimos, Estados Unidos obligó al Gobierno panameño a retirar las concesiones otorgadas con anterioridad a la empresa china Panama Ports Company, para la gestión y la administración de los puertos de Balboa y Cristóbal.

    Pero los operativos en el estrecho de Ormuz y el canal de Panamá son solo muestras de las batallas por el control de regiones, estrechos y pasos marítimos y terrestres estratégicos alrededor del mundo, que el Gobierno de Estados Unidos está dispuesto a llevar hasta sus últimas consecuencias para debilitar y eventualmente derrotar a China. Así debe entenderse el constante acoso a Groenlandia y Canadá, cuya finalidad no es otra que lograr el dominio de los litorales en el Ártico. También en febrero de 2026, la OTAN estableció la llamada “Operación Centinela Ártico” con el doble objetivo declarado de cortar el acceso de China a la energía y los minerales críticos e interrumpir su comercio con Rusia [1].

    Por el estrecho de Malaca —un paso marítimo cuya soberanía y responsabilidad sobre sus aguas es compartida por Indonesia, Malasia y Singapur— cruzan dos terceras partes del comercio de China con el mundo y el 80 por ciento de sus importaciones totales de petróleo. La vulnerabilidad de la potencia asiática es tan grande en ese punto, que desde el año 2000, el Gobierno chino desarrolló la estrategia «escapar de Malaca», que incluye un conjunto de medidas para reducir el riesgo estratégico al que está expuesto el país en dicho estrecho (Malacca Dilemma). Estados Unidos intenta aprovechar a su favor esta debilidad china, y en tal sentido, el 13 de abril del 2026, firmó un acuerdo con el Gobierno de Indonesia (Major Defense Cooperation Partnership) para la modernización militar y el desarrollo de capacidades, que incluye sistemas marítimos avanzados, submarinos y plataformas autónomas, así como la cooperación operativa y los ejercicios multilaterales (como el Super Garuda Shield que se realiza anualmente).

    México no es ajeno a la escalada del Gobierno estadounidense en el mundo, en la medida en que la virtual economía de guerra en la que se está adentrando el vecino del norte nos atañe de manera directa, debido al muy importante grado de integración entre las plataformas productivas de ambos países. No es aventurado suponer que las presiones sobre el uso de la tecnología de fracking para la extracción de gas natural (así como algunas otras no tan visibles) tengan su origen en la Casa Blanca.

    Vertiente financiera de la ofensiva estadounidense

    Con el obsesivo afán de competir con China y derrotarla, la Administración del presidente Trump ha colocado el impulso a las empresas tecnológicas, vinculadas al desarrollo de la inteligencia artificial, como la columna vertebral de la estrategia económica en la que se sustenta su política Make America Great Again. De esta manera, el éxito de MAGA depende, en buena medida, de la expansión y el buen desempeño de corporaciones como Alphabet, Microsoft, OpenAI, NVIDIA, Anthropic, Amazon, Meta Plataforms y Tesla, entre otras. Como es sabido, la infraestructura de centros de datos es la plataforma sobre la que se erige el poder de tales corporaciones tecnológicas. A la fecha, dentro del territorio de Estados Unidos existen miles de estas instalaciones, que se apoyan en una capacidad instalada de generación eléctrica ya saturada. Para los próximos 10 años, se tiene contemplada la construcción de entre 1.500 y 3.000 centros de datos adicionales, que demandarán una ampliación aproximada de hasta 134 GW en la capacidad instalada de generación de electricidad [2]. También es conocido el hecho de que la forma óptima para la generación de dicha electricidad es a partir de la utilización de tecnologías a base de gas natural [3].

    Aunque las empresas tecnológicas solo representan el 6 por ciento del PIB total de EE. UU., su impacto es más que evidente, ya que, en los últimos trece años, alrededor de una tercera parte del crecimiento de la economía del país se debió a estas grandes corporaciones. La burbuja ha crecido tan desmesuradamente que el valor de mercado de las empresas tecnológicas que cotizan en S&P 500 alcanzó 24.7 billones (trillions) de dólares en el primer trimestre de 2026, lo que representa el 43 por ciento del valor total del índice. A pesar de que los hidrocarburos son la plataforma que soporta todo el edificio de la economía real, el espejismo generado por las tecnológicas es tan enorme que el valor de mercado de las compañías petroleras que participan en el S&P 500 apenas alcanza el 3.4 por ciento del total, es decir, la treceava parte del valor de aquellas [4]. La irracionalidad y la fragilidad de la estrategia están a la vista.

    Los planes de la Administración Trump para recuperar la grandeza de Estados Unidos descansan en la posibilidad de atraer inversiones masivas, de cientos de miles de millones de dólares, para financiar la gigantesca demanda adicional de energía eléctrica que se requerirá para mantener en funcionamiento y para enfriar las instalaciones de los centros de datos en los que las empresas tecnológicas acumulan información. De este modo, la expansión de la burbuja de la IA y las tecnológicas está indisolublemente ligada a la embestida mundial que por el gas natural ha lanzado Estados Unidos, cuya finalidad última es alimentar las plantas generadoras de electricidad que son vitales para su operación. Parece claro, entonces, que la escalada bélica estadounidense no es solo por el petróleo y sus derivados, sino también y muy especialmente por el gas natural.

    Durante los intercambios de fuego, el 18 de marzo del 2026 Israel bombardeó el campo gasífero South Pars, que, además de ser el mayor yacimiento de gas natural del mundo, es compartido entre Irán y Catar, dadas la geografía y las condiciones geológicas del mismo. Los ataques israelíes destruyeron instalaciones clave de tratamiento de gas, así como refinerías y plantas petroquímicas pertenecientes a Irán. Dos días después, tal como había anticipado que lo haría si atacaban su infraestructura energética, el IRGC iraní respondió con un ataque que destruyó aproximadamente el 17 por ciento de la capacidad de exportación de gas natural licuado (GNL) de Catar, que afecta, sobre todo, los suministros a Europa y Asia. Lo que ahí sucedió, no parece ser otra cosa que la eliminación calculada de la infraestructura gasífera de Catar, que hasta ese momento era el tercer exportador de gas natural del mundo, solo por debajo de Estados Unidos y de Rusia. A esta reducción deliberada del volumen exportable de GNL a escala global, vino a añadirse la venturosa destrucción de una parte de las instalaciones de GNL de Australia —el cuarto exportador mundial—, causada por un ciclón que golpeó en Pilbara y frenó durante semanas la producción y la comercialización del 8 por ciento del suministro global. Por supuesto, el principal beneficiario de estas catástrofes ha sido Estados Unidos.

    En escasos 90 días, Washington desplegó una ofensiva energética que ha resultado en cientos de impactos de misiles y drones en buques cisterna, puertos de embarque y refinerías rusas, la interrupción de un tercio del suministro de petróleo y GNL a China, así como la captura de algunas de las mayores reservas de petróleo del planeta, de ahí que no deba extrañar a nadie escuchar este alarde de Trump: “Es un negocio muy lucrativo. ¿Quién iba a pensar que haríamos esto? Somos como piratas. Somos algo así como piratas, pero no estamos jugando» [5].

    Los límites de la ofensiva de EE. UU.

    Detrás del exaltado triunfalismo del presidente Trump se oculta el amargo sabor de la derrota estratégica de Estados Unidos. Destruye competidores con la pretensión de aumentar sus exportaciones de GNL, crudo y derivados, pero en buena medida ha logrado hacerlo a costa del derroche de sus reservas de hidrocarburos. Trump sueña con duplicar las exportaciones estadounidenses de gas de esquisto (¡drill baby, drill!, exclama) pero, más bien, al contrario, su producción —tradicional y de shale— va a la baja, irremediablemente [6].

    Mediante la guerra en Ucrania e Irán y su deseada expansión a toda Europa y al conjunto del llamado Oriente Medio, además de futuros bloqueos y choques marítimos y terrestres, querrían desmembrar los circuitos financieros, comerciales y de inversión a lo largo de la ruta de la seda y torpedear las bases del orden multipolar en ascenso. Sin embargo, la OTAN en su conjunto ha sido estrepitosamente derrotada por Rusia en Ucrania, y de manera por demás humillante, Estados Unidos e Israel han sido materialmente aplastados en Asia Occidental, donde 16 bases militares estadounidenses fueron reducidas a escombros y la gran base militar conocida como Israel fue inutilizada casi por completo.

    Washington quisiera mantener al dólar como la divisa Fiat dominante, atrayendo hacia sus bóvedas todo el capital posible para financiar el soñado redespliegue de su infraestructura y la reindustrialización de su territorio, teniendo como punta de lanza al sector tecnológico y de inteligencia artificial. Pero, la cruda realidad es muy diferente a los sueños guajiros. Lo cierto es que Estados Unidos se ha convertido en un insaciable devorador de dinero y recursos, de tal modo que su deuda ha crecido exponencialmente en los últimos años hasta colocarse por encima de los 39 billones (trillions) de dólares, con un servicio tan astronómico que le roba el efectivo necesario para fabricar las armas y las municiones que ya se le acabaron.


    Notas:

    [1] Richard Medhurst, “Cómo Estados Unidos llevó a cabo un robo armado al suministro energético mundial y creó el Petrogás-dólar”, publicado en Substack el 1° de mayo de 2026.

    [2] Para tener idea de este orden de magnitud, basta con recordar que la capacidad total instalada en México para la generación de energía eléctrica es de alrededor de 90 GW.

    [3] Es tan desproporcionadamente demencial el impulso artificial de la burbuja financiera (GNL-electricidad-centros de datos-IA-tecnológicas), que en Utah la población está manifestándose masivamente en contra de la construcción de un monstruoso centro de datos, que ocupará un terreno de 161 kilómetros cuadrados (dos veces el área de Manhattan), consumirá el doble de energía eléctrica que usa todo el estado, contaminará el ambiente y gastará enormes cantidades de agua en una región que padece graves sequías. Ver Daniel Mayakovsky en X @DaniMayakovsky https://x.com/i/status/2052306734492815687

    [4] Se incluyen las dos categorías: Information Technology y Communication Services. Fuente: Centro Schwab de Investigación Financiera, Índices S&P Dow Jones, al 31 de marzo de 2026. Ver también Ponderaciones sectoriales del ETF iShares Core S&P 500 (IVV), misma fecha.

    [5] Xinhua en Español, “Trump presume que Armada de EE. UU. actúa «como piratas» en bloqueo de puertos iraníes”, publicado el 3 de mayo de 2026.

    [6] Art Berman, “Draining America First — The Beginning of the End for Shale Gas”, publicado en artberman.com el 23 de enero de 2024.

    *Alberto Carral es un reconocido economista, analista y autor mexicano especializado en planeación prospectiva, diseño de estrategias y análisis geopolítico.

    Este texto fue tomado del sitio español Rebelión.

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    «Nuestro pueblo ya conoce la crueldad detrás de las acciones del Gobierno de EE. UU. y de la saña con la que es capaz de atacarlo», afirmó, por medio de X, el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, tras ser anunciadas este jueves, por parte del Departamento de Estado de Estados Unidos, sanciones efectivas en virtud de la orden ejecutiva firmada el pasado 1ro. de Mayo.

    Aseveró que, tanto la Mayor de las Antillas como el resto del mundo, comprenden que esa actitud hostil se trata de «una agresión unilateral contra una nación y una población cuya única ambición es vivir en paz, dueños de su destino y sin la interferencia perniciosa del imperialismo estadounidense», sentenció.

    El mandatario precisó además que, las medidas de cerco económico anunciadas este jueves, agravan la situación ya difícil que enfrenta el país, «en la misma medida que fortalece nuestra determinación de defender la Patria, la Revolución y el Socialismo», remarcó.

     

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    Abordan propuestas de la Red Juvenil Comunitaria en Cruces

    Tuvo efecto un encuentro especial con el Buró Municipal de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) en la sede del Partido (PCC) de Cruces, donde fueron desglosados los objetivos y temas centrales que persigue la flamante Red Juvenil Comunitaria (RJC) en los territorios de la provincia de Cienfuegos.

    Entre los invitados estuvo Serguey Martín Guerra, integrante del Buró Provincial del Partido, quien aseguró que el propósito clave de la Red es involucrar a la juventud del país en todas las actividades, sea esta militante o no. “La iniciativa tiene que ser potenciada por la organización matriz, en un primer momento, con la identificación de los jóvenes líderes, los más dinámicos, motivadores, esos que aglutinan público en los consejos populares (CP). Esos muchachos y muchachas, que no necesariamente tienen que ser cuadros de la militancia, tendrán que ser los pilares que sostienen nuestra propuesta”, dijo.

    Son cinco los CP en el municipio de Cruces, los cuales, destacó la intendente Gema Margarita H. López, tienen diversas peculiaridades, cada uno con fortalezas y debilidades que también serán analizados para su imbricación en los siete proyectos en ciernes, avalados ya por la Red. “Uno de ellos se llama Zona joven segura, ahí estará aquella juventud comprometida con la defensa de la patria, dígase quienes estén vinculados con las tareas del Minint, o en las unidades militares enclavadas en determinados CP del municipio.

    “La brigada que se conforme podrá sin dudas, trabajar con los pioneros, en las escuelas secundarias y crear en ellas círculos de interés donde se resalten los códigos defensivos desde la trinchera docente”, expresó Martín Guerra.

    Fueron citados otros proyectos como el denominado Voltaje juvenil, que busca movilizar a sus miembros en la batalla energética que libra el país. Se mencionó a quienes, con dominio empírico del sector de la electricidad, los integrantes de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media y la OPJM vinculados con investigaciones a la ONURE o la UNE, podrán apoyar la iniciativa. “Uno de los sectores poblacionales que se pueden beneficiar es la del adulto mayor (…) Estaríamos incentivando valores como la gratitud, la solidaridad y el altruismo con la vecindad”, comentó igualmente.

    Tu aporte cuenta, Código joven, Aquí con mi barrio, Conciencia joven y Cuba vive son los restantes proyectos concebidos dentro del mecanismo articulado por la RJC. “Para poder hacerlos realidad, debemos aplicar seis funciones que son generales para todos los implicados, tanto colaboradores como aseguradores, estos no son otros que las organizaciones políticas y de masas: Federación de Mujeres Cubana, Comités de Defensa de la Revolución, Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, la Central de Trabajadores de Cuba, el Sector de la Salud, el Inder, Educación, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, etc. Cada uno tiene la obligación de identificar ese universo juvenil del que hemos hablado; tener caracterizados las demarcaciones en unión con los delegados, sobre todo”, afirmó en su intervención Anisley Cordero González, primera Secretaria de la UJC en Cienfuegos.

    La intendente de Cruces confirmó luego la realización durante esta semana de las reuniones en los consejos populares; los últimos en el programa son los de San José y Potrerillo. Después del último encuentro el próximo viernes, seleccionarán el llamado “consejo piloto”, para el cual se consideró al CP Isla de Pinos, dentro del mismo pueblo crucense, rico en peñas culturales y movimientos deportivos.

    Con el eslogan de “Innovar, crear, liderar”, la RJC surge luego de los debates efectuados por el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez en el mes de marzo, con un grupo de jóvenes destacados de distintos ámbitos de la sociedad, donde se manejaron las variantes para una nueva iniciativa, que  fuera más inclusiva y abarcadora.

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    Extiende Bandec Cienfuegos uso de energia renovable 1

    Se extiende el uso de fuentes renovables de energía en sucursales del Banco de Crédito y Comercio (Bandec) de Cienfuegos, con la reciente inversión en paneles solares en las dos sucursales más grandes de la provincia. Electricidad y comunicación son complementos importantes para la prestación del servicio.

    Durante un tiempo, los clientes de Bandec se han beneficiado de la inversión en energía renovable en la Sucursal 4831 del municipio de Cienfuegos (conocida como el Banco de la Calle San Carlos), lo cual ha permitido garantizar la atención durante todo el horario.

    Para bien de la población, esta estrategia se extiende ahora a la oficina ubicada en la calle Argüelles y D’Clouet (Sucursal 4821); una solución necesaria ante la disponibilidad energética del territorio.

    De las restantes siete oficinas de Bandec en la provincia, cinco —las ubicadas en Aguada, Palmira, Lajas, Cruces y Cumanayagua— cuentan con la instalación de kits de paneles solares e implementos donados por el gobierno. Este volumen de energía apoya la atención al público en cada municipio.

    Las sucursales de Rodas y Abreus se abastecen de la disponibilidad energética provincial y de la estrategia local para mantener circuitos y servicios básicos; además forman parte del proyecto que implementará respaldo con paneles solares.

    Se mantiene como prioridad la recepción de depósitos en efectivo, las operaciones de divisas, el canje, la compra y la recarga de tarjeta Tropical, siendo la captación de moneda extranjera necesaria para el país. Se garantiza la atención del pago a jubilados y pensionados durante el periodo establecido, así como el cobro total de la mensualidad.

    Las extracciones de efectivo se atienden según la disponibilidad de cada oficina. El déficit de combustible incide en el traslado de dinero y nuevas tarjetas por parte de las instituciones relacionadas. La falta de aceptación del pago digital por parte de algunos actores económicos limita la efectividad del uso de los ingresos depositados en tarjeta Red, y provoca aglomeración de clientes en las oficinas bancarias y un mayor tiempo de espera.

    DISPONIBILIDAD ENERGÉTICA Y CONECTIVIDAD

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    El sistema de prestación de servicios en las sucursales bancarias cubanas está implementado de manera electrónica; además de requerir fuente de energía, necesita conectividad para la comunicación de los servidores informáticos entre sucursales, provincia y su interrelación a nivel nacional.

    Este sistema facilita que el titular de una tarjeta de Bandec pueda acudir a la sucursal más cercana para efectuar diferentes trámites, depositar o extraer efectivo, así como reimprimir o solicitar un estado de cuentas. Pero ante la falta de comunicación —ya sea por problemas de respaldo en las oficinas de telecomunicaciones— se imposibilita la tramitación.

    Como alternativa, en las sucursales bancarias se agrega el servicio de caja extra para extraer efectivo de la tarjeta Red, siempre que el cliente sea usuario de la plataforma Transfermóvil y la conexión esté disponible.

    Ante el déficit del fluido eléctrico o comunicación, en cada jornada se reciben los depósitos de actores económicos, este servicio se atienden manual por el personal bancario y una vez con conexión, se ingresan las operaciones en el sistema informático del banco; estas operaciones por lo general llevan más tiempo, a partir del elevado recibo de billetes de bajas denominación.

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    En la actualidad, la instalación de paneles solares no garantiza el funcionamiento de los cajeros automáticos ni el encendido de los aires acondicionados para ventilar las oficinas, por lo que se reorganiza el acceso del público a las sucursales. A pesar de las dificultades, los trabajadores acuden a sus puestos, lo que permite mantener igualmente la prestación de servicios.

    El cambio de matriz energética se mantiene como una proyección a extender en las sucursales de Bandec Cienfuegos: una inversión costosa, pero necesaria para la población y el desarrollo del país. Incrementar las operaciones no presenciales es otro objetivo de la institución, mediante Virtual Bandec para el sector empresarial y las múltiples transacciones disponibles para las personas naturales, sin tener que acudir al banco.

    Crecer en estas líneas de trabajo es favorable para lograr calidad en la prestación, algo que actualmente es una insatisfacción para la institución. A pesar del desarrollo informático de la banca y de las estrategias que se implementan en cada municipio de la provincia de Cienfuegos, las oficinas continúan atestadas de público para su atención.

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    Fidel en el siglo XXI una brujula ante los nuevos desafios

    A más de dos décadas del nuevo milenio, la figura de Fidel Castro Ruz sigue siendo mucho más que un referente histórico. En un mundo convulsionado por la posverdad, la emergencia climática y la disrupción tecnológica, su pensamiento se alza como una brújula ética y política para enfrentar los dilemas del presente. Lejos de anquilosarse en el pasado, sus ideas demuestran una sorprendente vigencia cuando analizamos los grandes retos de la comunicación política, la supervivencia del planeta, el tsunami de las redes sociales y la revolución silenciosa de la inteligencia artificial.

    El primer gran desafío es la comunicación política. Vivimos en la era de la inmediatez y la espectacularización, donde el relato se fragmenta en titulares virales y discursos huecos. Fidel nos enseñó que la palabra, para ser revolucionaria, debe estar cargada de verdad y de vínculo con las masas. Su concepto de “la idea” como fuerza motriz —expresado en “La historia me absolverá” o en sus amplias comparecencias— contrasta con la política del tuit efímero y el guion calculado. Hoy, frente a las campañas de desinformación y el mercadeo político vacío, recuperar la profundidad argumentativa y la conexión sincera con el pueblo que practicó el líder cubano resulta una lección indispensable.

    El segundo desafío, quizás el más urgente, es la crisis ambiental. Para dimensionar su clarividencia, basta remontarse a la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1992. Allí, mientras la mayoría de los mandatarios pronunciaban discursos banales sobre “desarrollo sostenible”, Fidel lanzó una advertencia que la historia ha convertido en profecía:

     “Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre”.

    Señaló a los responsables: las sociedades de consumo, que “han saturado la atmósfera con gases que alteran las condiciones climáticas con efectos catastróficos”. Este análisis, que hoy repiten los informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), se adelantó décadas a la alarma social generalizada. El IPCC publicó su primer informe en 1990, pero sus conclusiones fueron minimizadas durante años por las grandes potencias. La activista Greta Thunberg no emergió hasta 2018. Entre la advertencia de Fidel y el trending topic global pasaron 26 años. Durante ese cuarto de siglo, el Comandante ya había vinculado sistemáticamente el capitalismo depredador con la degradación ambiental, una relación causal que muchos ecologistas occidentales tardaron en asumir por temor a ser tildados de anticapitalistas.

    Frente a las falsas soluciones de mercado —créditos de carbono, “crecimiento verde” que no detiene el extractivismo—, el pensamiento fidelista propone un cambio de raíz: la propiedad colectiva de los recursos estratégicos, la planificación racional de la producción y la priorización del bien común sobre la acumulación privada. En Cuba, con el 80 % de su población cerca de la costa y ecosistemas únicos amenazados por el aumento del nivel del mar, esta visión no es teoría. Es una hoja de ruta para la ciencia, la educación ambiental y la resiliencia. El legado ecológico de Fidel no pertenece al siglo XX: es un manual de supervivencia para el siglo XXI.

    Las redes sociales digitales representan el tercer campo de batalla. Allí se construyen identidades, se movilizan conciencias y también se gestan manipulaciones masivas. Fidel, que supo leer el poder de la radio y la televisión en su época, entendió que cada nuevo medio exige una nueva estrategia sin renunciar a los principios. Su máxima de “la batalla de las ideas” adquiere hoy un campo de acción concreto en Facebook, Twitter o Telegram. Frente a las campañas de guerra híbrida que pretenden criminalizar a Cuba, el pensamiento fidelista nos convoca a estar presentes en ese ecosistema, a contraargumentar con inteligencia, a usar el algoritmo como herramienta para movilizar la solidaridad internacional y desmontar la mentira con datos, historia y razón. Porque Fidel nunca le tuvo miedo a la complejidad; supo que las ideas claras, bien expresadas, terminan por abrirse paso incluso en medio del estruendo informativo de las plataformas digitales.

    El cuarto desafío, la inteligencia artificial (IA), parece ajeno a su época. Sin embargo, fue quien más insistió en que el futuro del socialismo pasaba por la ciencia y la innovación tecnológica. Impulsó la biotecnología cubana en los años 80, cuando era una apuesta improbable y hasta ridiculizada. Su frase cobra hoy especial relevancia: “El futuro de la humanidad tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia”. La IA plantea dilemas éticos de primer orden: ¿quién controla los datos? ¿Para qué se entrenan los algoritmos? ¿Se profundizarán las desigualdades o se pondrá la tecnología al servicio del bien común? El pensamiento anticapitalista de Fidel nos advierte contra una IA que sirva al mercado y no al ser humano: una inteligencia artificial que discrimine, manipule la voluntad popular o convierta a las personas en mercancías predecibles. La batalla por un algoritmo ético, soberano y transparente es también una batalla ideológica. Y nos dejó la premisa clara: ciencia con conciencia.

    En la Cuba de hoy, invocar a Fidel no significa anclarse en el pasado, sino reconocer que sus ideas —defensa de la justicia, alerta temprana, apuesta por la ciencia— tienen aplicaciones prácticas para los desafíos del presente. El perfeccionamiento del modelo económico y social, la actualización de los mecanismos de participación, la lucha contra las campañas de descrédito y la búsqueda de soluciones propias encuentran en las raíces fidelistas un arsenal de principios: el rechazo al dogma, la confianza en la inteligencia colectiva y la vocación internacionalista.

    Por eso, en el centenario de su natalicio, el pensamiento de Fidel Castro conserva toda su vigencia. No consiste en respuestas fijas, sino en una forma de enfrentar los problemas: analizar con dialéctica, mantenerse en alerta, transformar sin miedo y no renunciar a la certeza de que un mundo mejor es posible. En este siglo XXI convulso, tomar sus ideas como guía no es mirar al pasado: es la forma más audaz de construir el futuro.

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