Jagua

Hamao, con los celos que en su corazón sembrara el dios del mal, había sentido el primer dolor; Guanaroca, con la pérdida de su hijo, la pena primera y la más grande que una madre puede sufrir. Hamao comprendió tardíamente lo irracional de sus celos y llegó a vislumbrar el amor de padre. Guanaroca perdonó, y tras el perdón vino su segundo hijo: Caunao.

Tranquila y feliz fue su infancia, bajo la constante protección de la madre cariñosa. El niño se hizo hombre, y comenzó a sentirse invadido de vaga inquietud, de profunda tristeza. No podía darse cuenta de aquel su estado de ánimo, que le hacia indiferente la vida. Un día, al volver a su solitario bohío, detúvose a contemplar a dos pajaritos que en la rama de un árbol se acariciaban. Entonces comprendió el motivo de su pena. Estaba solo en el mundo, no tenía una compañera a la que acariciar y de la cual recibir caricias, a la que pudiera contar sus penas, sus alegrías, sus ilusiones, sus esperanzas.

Aycayia

De las siete hermosas bailadoras y cantadoras que tenia el cacique en su corte, seis perecieron en el naufragio de la piragua; la que había escapado a la muerte, -bien por su involuntario retardo al entretenerse en su tocado, o porque previamente fuera advertida por el behique que sentía por ella especial predilección-, llamábase Aycayia y era de las siete la más hermosa, la que bailaba con más arte y cantaba con más dulce y melodiosa voz. Así no es de extrañar que ella sola siguiera perturbando la tranquilidad de la grey, alejando a los hombres del trabajo, apartándolos del cumplimiento de sus deberes guerreros y llevando la desunión a los hogares.

Guanaroca

Al Sudeste de la hermosa bahía de Cienfuegos, se extiende una laguna salobre, en la que derrama parte de sus aguas el río Arimao.

Es la laguna de Guanaroca, en cuya tersa superficie se refleja la pálida luna, la dulce Maroya de los siboneyes, productora del rocío y benéfica protectora del amor.

Según la leyenda siboney, la laguna de Guanaroca es la verdadera representación de la luna en la tierra. ¿Conoces la poética tradición, lector? Tiene sabor agreste y primitivo, muy propio de las sencillas creencias de hombres que vivían en contacto directo con la naturaleza bravía, exuberante y cálida.

Leyenda La Dama Azul

Infestado el mar de las Antillas de piratas, mostraban especial predilección por las costas de Cuba. No contentos con atacar las embarcaciones de alto bordo y las dedicadas al cabotaje, atrevíanse a hacer desembarcos en la isla y saquear sus haciendas y poblados, llegando en su osadía hasta a penetrar, en los primeros tiempos coloniales, en La Habana, Santiago de Cuba y otras poblaciones de importancia.

La época y el estado indefenso de la isla eran propicios para tales desafueros. El oficio de bandido de mar era remunerador, y los peligros no tantos que lo hicieran inapetecible. España no disponía de buques suficientes para perseguir de modo activo a los piratas, y éstos, por otra parte, tenían buenas guaridas en islas y cayos.

Azurina

Transcurrieron bastantes años desde el día en que el bueno de Joseph Díaz se estableció en Jagua. El sol había curtido y tostado su rostro y el tiempo blanqueado sus cabellos; pero en contacto siempre con la madre naturaleza, ajeno a las angustias, trabajos y sinsabores que proporciona la civilización, gozaba de fuerza, salud y alegría, dispuesto siempre a ayudar con su esfuerzo y consejos a los sencillos siboneyes, y siendo por estos querido y respetado.

Hemos insinuado que Díaz mantenía relaciones con los piratas que frecuentaban aquellas costas, y podemos añadir que no eran pecaminosas, pues Díaz no tomaba parte en las fechorías de aquellos, limitándose a contratos que no podía eludir, so pena de convertirlos en peligrosos enemigos.

Parque José Martí y entorno.

El 22 de abril de 1819, Don Luis De Clouet y un grupo de franceses fundaron la Colonia Fernandina de Jagua, tomando como punto de partida para el trazado urbanístico una majagua existente en el centro de la sabana, según testimonia el rosetón de granito colocado al efecto.

Antes de denominarse en 1906 Parque José Martí fue Plaza de Ramírez, de Armas, de Recreo, de la Independencia; en ella se encuentra el fundamento urbano y arquitectónico que tipifica el ambiente cienfueguero, en el que neoclásico y eclecticismo denotan el status de la generación que los precedió.